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Juana “La Avara”

 
 

Juana tenía dos hijos, hijo e hija ya emancipados, ambos casados- como Dios manda-, es una frase hecha porque no creo yo que Dios diga como debe casarse nadie- pero bueno eran aparentemente felices, lo que ya es mucho en estos tiempos de tantas separaciones a causa del dinero por aquello de que “cuando el dinero no entra por la puerta el amor salta por la ventana, pues bien, los matrimonios de los hijos de Juana tiraban para adelante, lo que a Juana le daba un atisbo de tranquilidad, ¡¡con lo que tuvo que pasar para criarlos!!, solo Dios y ella lo saben, otra vez con Dios, pero si según dice mi compañero de piso. El Señor no se mete en estas cosas.
Como todo en la vida no tiene porque ser malo, Juana tenía cuatro nietos a los que regalaba un euro a cada uno para comprar “chuches” cuando venían a visitarla, de dos en dos, porque cuando coincidían los cuatro juntos, ese día no había dinero para “chuches”, pues cuatro euros a la vez ya son palabras mayores para desembolsarlos así de golpe y malgastarlas en nimiedades ya que sus padres no les inculcaban la virtud del ahorro, con lo positiva que es para todos.
Juana tenía 20.000 euros que había ahorrado tacita a tacita, a base de economizar en el lavavajillas, el friegasuelos y otros productos que ella compraba rigurosamente cuando estaban de oferta y aprovechando los “tiques” de descuento de los supermercados, Juana confeccionaba sus propios bizcochos, fabricaba su propio yogurt y elaboraba su propio jabón, con lo que no se desperdiciaba nada. A su marido lo alimentaba a muy bajo coste porque como no le gustaba la carne, con cuatro guisotes estilo dieta mediterránea y huevos fritos con ajetes, el buen hombre que era un bendito era feliz con Juana, esta dieta de bajo coste y los cigarrillos negros que consumía que eran los más baratos del mercado, los cuatro carajillos y las partidas de dominó en el IMAS y las retrasmisiones de los partidos de fútbol –era del Barça- constituían todo su acicate existencial, Juana sólo regruñía porque gritaba mucho cuando marcaba Messi y porque ahumaba las cortinas del salón con el humo de tanto cigarrillo. Por todo lo demás eran la felicidad completa.
Juana era “El ama de las perras” la que cortaba el bacalao en ese aspecto y tenía una amiga de esas de toda la vida, de las de verdad, que trabajaba en una sucursal bancaria toda la vida, desde que su padre se vino de Alemania y la colocó por enchufe porque ofreció depositar todo el dinero que había ahorrado en ese país, si admitían a su hija para trabajar como administrativa, y claro ante esas razones de peso, la entidad bancaria “tragó” y como su hija no tenía un pelo de tonta, pues había ido ascendiendo y ahora ocupaba un cargo de interventora o algo así.
Pues bien, Eloísa que así se llamaba la amiga de Juana en vista de lo bajos que estaban los intereses a menos del 3% la última vez que Juana se personó en la oficina bancaria para renovar el Plazo Fijo, le había ofrecido un producto bancario para que sus ahorros le “ganarán” algo más, concretamente un doble ahorro combinado, que los que no sabemos de finanzas, no sabemos ni tenemos que saber, que leches es lo que significa.
Pues bien, era un producto sin riesgo, pero que empleaba una terminología complicada y hacía meses que Juana tenía la mosca en la oreja porque andaba escuchando cosas como que las Cajas de Ahorros habían colocado productos tóxicos entre sus clientes, especialmente entre los de más edad confundiéndoles deliberadamente para que adquirieran estos productos financieros sin advertirles del riesgo que implicaban y que ellos al firmar estos contratos asumían confundiendo términos similares como PLAZO FIJO ó RENTA FIJA.
Juana la tarde del domingo fue a visitar a su hijo y a su nuera a comerse unas fritillas pues su nuera que las hacía muy buenas la había llamado para que pasara la tarde con ellos, pues los niños estaban “no sé donde” y podían pasar la tarde tranquilos.
Cuando su nuera se fue a la cocina a dejar allí las fritillas que les habían sobrado, su hijo le comentó muy confidencialmente sin que su mujer lo escuchase que a su consuegro le había enganchado una entidad financiera en 12.000 euros que ya no podría recuperar al haber comprado unos “depósitos preferentes”. Y que esto le costaría al pobre hombre una enfermedad
La sangre de las piernas de Juana se le agolpó en el cerebro, tanto es así que se marchó antes y con antes, apresuradamente, olvidándosele además las dos fritillas que su nuera le había envuelto en un papel y metido en una bolsa de plástico para mandárselas a su suegro que también le gustan mucho.
En lo que le quedaba a la tarde, Juana ya no dio pie con bola, y aprovechando que estaba jugando el Barcelona C. de Fútbol y su marido estaba como hipnotizado ante el televisor, Juana se metió en el cuarto del ordenador, que sabía manejar un poco, ¿Qué os pensabais que Juana era tonta del todo?, pues no, Juana se había iniciado en la Informática con un cursillo que hizo en el IMAS el invierno pasado, cuando todavía había algo de dinero para subvencionar a los monitores, y con las enseñanzas de su nieto el mayor que era un lince para esto de los ordenadores.

 

Encendió el ordenador, apareció el buscador, tecleó el nombre de la entidad bancaria donde tenía los 20.000 euros, introdujo la contraseña y se abrió la página web. Pinchó la pestaña de valores y se quedó más estupefacta que la madrastra de Blancanieves cuando le dijo el espejo mágico que Blancanieves estaba ya mucho más buena que ella.
Los primeros 10.000 euros estaban seguros, ya que al tratarse de un Doble Ahorro Combinado, estaban a plazo fijo y a un 4.50 %, lo que no estaba nada mal, pero de los otros 10.000 en la página de los valores aparecían 7.004. Lo que aparecía en la página de valores era algo que ni Juana, ni yo, ni tú amigo lector, a no ser que hubieras estudiado para hacer oposiciones a la banca entenderíamos. ¿Dónde estaban los 3.000 euros que no aparecían?
Lo que es mas fácil de entender que Juana no pudiera dormir en toda la noche al pensar que ella era una más de los afectados por los productos tóxicos colocados a los clientes de las entidades bancarias sin el asesoramiento suficiente.
¿Pero en que mundo estamos viviendo? Se preguntaba Juana no exenta de razón. Una va al médico y no tiene porque saber de medicina, se confía en el médico que para eso ha estudiado y santas pascuas, en el banco debe de ocurrir lo mismo, tú vas a tu caja de toda la vida, a la que iban tus abuelos y luego tus padres y tu amiga de toda la vida te asesora, ¿No es eso haber obrado con sensatez y cordura? Pues al parecer no.
Juana pasó la noche rumiando venganzas y represalias contra su amiga de toda la vida, Eloísa, por no haberle asesorado bien, la había traicionado como Judas vendiéndole una porquería de producto tóxico que le intoxicaría el alma, porque además de quitarle parte de sus perras quedaría por tonta, y no lo era, ¡Bien sabe Dios, que no lo era! Lo que pasa es que no pudo ir el tiempo suficiente a estudiar al colegio, porque su padre que era ganadero la puso a cuidar corderos cuando era una jovencita y le daba latigazos en las pantorrillas si se le escapaban los corderos y se marchaban dando saltitos por los ribazos.
Juana tenía un velón mágico que una amiga suya llamada María le había regalado unos días antes que había comprado por Internet en el que se le podía pedir un deseo a Santa Barbará con la seguridad de que lo concedería a quien se lo pidiese. Juana lo tenía guardado porque no había decidido todavía el deseo que iba a pedir ya que dudaba entre si pedir que su yerno encontrara trabajo pronto, que un sobrino suyo se quitara de la droga o que a ella misma le mejoraran las varices porque tenía las piernas imposibles a causa de la circulación de la sangre.
Cuando Juana se vio en este trance no se lo pensó dos veces y escribió en el papelito que incluía el velón para realizar el ritual y pedir un deseo a Santa Bárbara “quiero que me devuelvan lo que es mío” impregnó el velón con el aceite que traía incluido, lo encendió con una cerilla de madera y enterró en la tierra de la maceta que tenía la “costilla de Adán” el papelito de ritual en el que había escrito el deseo.
Todo el pasado de privaciones, los sacrificios para ahorrar lo que ahora había empezado a volatilizarse acudieron a la mente de Juana llenando su corazón de desasosiego y zozobra y las horas de aquella noche eterna transcurrieron lentas hasta que la claridad rosada inundó los cristales del comedor de Juana.
Apenas dieron las ocho, Juana se enfundó en su chaquetón y se dirigió a la sucursal bancaria a aclarar las cosas. Se dio la circunstancia favorable de que su amiga Eloísa se había salido un momento a tomar café, algo difícil de entender es como podía dormir la noche siguiente con la cantidad de cafés que supuestamente se tomaba cada mañana, ya que pasaba más tiempo en la cafetería próxima a la oficina que en la mesa del despacho de la misma.
Pues bien, Juana se dirigió a un muchacho elegante y educado que la atendió muy cortésmente que le explicó que no se había perdido nada y que cuando llegase Mayo le cargarían en su cuenta los 7.004 euros y en cuanto a los otros 3.000 también podría recuperarlos en Mayo cuando se firmase el contrato de compra de la entidad y esta entidad devolvería a los usuarios de la misma, con lo que no había razón para alarmarse tanto, con algo que tenía una solución a la vuelta de la esquina.
A todo esto regresó su amiga de tomarse el café y le dijo que la había saludado al salir, pero se encontraba Juana tan absorta con las explicaciones que le estaba dando su compañero que no se había dado ni cuenta.
Juana al salir a la calle respiró aliviada ya que todo quedó en un susto, pero le dio las gracias a Santa Bárbara por haber realizado el milagro tan pronto y a su amiga María por haberle regalado el velón unos días antes.
He escrito este relato para dedicárselo con cariño a todos aquellos que no han tenido la suerte de Juana.
Juan Castellanos Gómez

 
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