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Hoy es Domingo 12 de Julio de 2020  |  

Actitudes diarias que dañan psicológicamente al colectivo LGTB

 
 

Una orientación sexual no heterosexual mal aceptada por el entorno puede dar lugar a problemas psicológicos. Dicho entorno puede estar actuando como maltratador en este sentido, sin bien no siempre es un maltrato intencionado.  Cuando el trato hacia la orientación sexual no es el óptimo se dan problemas muy comunes, que tienen que ver con la falta de autoestima relacionada con lo que se conoce como homofobia interiorizada, es decir, la visión negativa de todo lo gay aprendida de los mensajes que llegan del exterior e interiorizada. Es entonces cuando aparecen la falta de autoestima, problemas como la depresión, la ansiedad, el consumo de drogas… 

El equipo de psicólogos de ifeel ha recopilado los principales comportamientos o actitudes dirigidas a personas no heterosexuales que pueden afectar a la larga a su salud mental:

  1. Plumofobia Perpetuar la idea de que el gay ideal es el que carece de pluma puede ocasionar en el sujeto homosexual sentimientos de rechazo hacia uno mismo. Se trata de una actitud homófoba y, por tanto, sexista, según la cual se puede aceptar que un hombre sea homosexual pero que su homosexualidad no sea visible a través de lo que conocemos como “pluma”, esa gestualidad considerada convencionalmente como femenina y que, desde este punto de vista, no es apropiada en ningún hombre, bien porque lo convierte en risible, menos presentable o menos atractivo sexualmente. Cuando no es capaz de contrarrestarla, el gay con pluma (o que cree que la tiene) tiende a hacer más rígida su postura, a modificar artificialmente su manera de hablar, a robotizar sus gestos. Cree que su manera de expresarse o moverse no son apropiadas en un hombre, no tiene una percepción sana de su propia masculinidad y tiene miedo a que su orientación sexual sea demasiado visible.
  2. Passing. El passing es la concepción de que un hombre o mujer transexual deben pasar como hombre o mujer cisgénero, es decir, cuya identidad de género coincide con el sexo que les fue asignado en el momento del nacimiento. Con frases como “no se te nota nada” intentamos provocar un sentimiento positivo en el receptor del mensaje, pero realmente mandamos el mensaje de que si se te nota has cometido algún tipo de delito. La persona trans que percibe esta actitud puede sentirse inadecuada, señalada o infravalorada, sobre todo si percibe que la persona que le hace ese comentario no tiene claro qué significa ser una persona trans y por tanto en su comentario no queda claro qué es exactamente lo que no se nota. Las personas trans necesitan ser creídas en lo que son, es decir, hombres o mujeres, independientemente del aspecto que presente su cuerpo.
  3. Sugerir terapia psicológica. Hay que partir de la base de que a todo el mundo le iría bien contar con un terapeuta, pero la salud mental no está relacionada con la orientación, es decir, ninguna orientación sexual es un problema de salud mental. De ofrecerse al colectivo LGTB, la psicoterapia va en otra dirección: no tanto de asumir la propia orientación sexual y resolver dudas al respecto -la mayoría resuelve este tema de manera natural en la adolescencia y primera juventud- sino de construir y reparar una imagen positiva de sí mismos y poder tener una vida sexual y afectiva sana. Cuando sugerimos a alguien que conocemos que inicie una terapia psicológica se supone que es porque necesita encontrarse bien, resolver algún conflicto, trabajar habilidades o desbloquear decisiones vitales.
  4. Asociar la masculinidad o feminidad a la orientación sexual. “No me creo que sea gay porque es muy masculino”. Este tipo de comentarios insinúan que los gais son femeninos y las lesbianas masculinas. La feminidad o masculinidad son constructos culturales relativos, que no se pueden medir en una escala objetiva y que no tienen que ver con la orientación sexual sino con la expresión de género que tiene cada persona. En definitiva, una persona puede ser masculina o femenina de muchas maneras, no solo de las consideradas convencionales o estereotipadas. No entender adecuadamente esto es lo que genera discriminación, lo que a su vez genera en la persona discriminada una sensación de ser inadecuadamente diferente, no ser una persona honorable. Es decir, genera un grave problema en la autoestima de la persona.
  5. Emitir juicios sobre la vida sexual o de pareja. A menudo se da por hecho que en el mundo no heterosexual las relaciones de pareja son poco duraderas, estables o sólidas. Se sobreentiende que hay más infidelidad, que la tendencia a establecer relaciones sexualmente abiertas es un signo de inmadurez o de incapacidad para el compromiso, o se juzga negativamente la abundancia de vida sexual (en comparación con la media heterosexual) utilizando términos como “promiscuidad” en un sentido negativo. Una vez interiorizados, estos juicios generan en la persona una percepción de sí misma como alguien frívolo, que, por ejemplo, da una importancia desmedida a su vida sexual o invierte en ella muchos recursos. También pueden hacerla creer que en el colectivo al que ella pertenece es imposible establecer una relación de pareja sana y leal o que nadie va a querer establecerla con ella, si todo el mundo es infiel, inmaduro e inapropiadamente sexualizado por naturaleza. Esto enrarece mucho el autoconcepto de la persona y también sus relaciones con sus iguales, aumenta su sensación de soledad o de desesperanza respecto a su proyecto de pareja o de familia.
  6. Visión idealizada de la vida de los homosexuales. Esto ocurre sobre todo con los hombres gais, a quienes se presupone un físico extremadamente cuidado y bello, un estatus socioeconómico alto (por su ausencia de cargas familiares), un estilo de vida muy orientado al ocio, un ocio muy orientado al sexo, un talento especial para todo lo que tenga que ver con diversión, organización de eventos y cuidado de lo estético y, en general, una vida más bien “alegre”. Estas afirmaciones, además de no ser ciertas y extensibles a todo el colectivo, pueden generar en el sujeto una percepción distorsionada y errónea de lo que se espera de él.
  7. Visión catastrofista de la vida de los homosexuales. La vida de las personas LGTB no es fácil en algunos aspectos en comparación con sus iguales heterosexuales. También es cierto que la homofobia sistémica de mayor o menor grado en la que nacemos, crecemos y morimos la mayoría de las personas a menudo resulta muy perjudicial para la salud física y psicológica de las personas LGTB. No obstante, igual que no conviene tener una visión estereotipadamente favorable de la vida de estas personas, particularmente de los varones gais, tampoco conviene alimentar una visión catastrofista, es decir, también distorsionada. En este sentido, no todas las personas que se salen de la heteronormatividad llevan vidas superficiales, solitarias, marcadas por el sexo vacío, la drogadicción y las enfermedades. En países como el nuestro la infección por VIH afecta fundamentalmente a hombres gais pero la mayoría de hombres gais no tienen esta infección ni la tendrán durante su vida. Incluso aunque la tengan, resulta totalmente inadecuado vincular homosexualidad a VIH (o sida, en el peor de los casos) igual que resulta inadecuado asimilarla a frivolidad, inmadurez o malos vicios.
  8. Desconocimiento general sobre la diversidad sexual y de género. Existe todavía en gran parte de la población un cierto desconocimiento sobre aspectos básicos de la diversidad sexual y de género. Aunque la homosexualidad es conocida y aceptada por gran parte de la población, el desconocimiento de otras orientaciones sexuales más infrecuentes estadísticamente (bisexualidad, pansexualidad, asexualidad, transorientación) hace que, sin mala intención, se pronuncien juicios de valor que impactan negativamente en el psiquismo de la persona en cuestión. Por ejemplo, si eres bisexual, se da por hecho que te gusta todo el mundo o que te atraen mujeres y hombres por igual. Si eres pansexual (es decir, si te pueden llegar a gustar todo tipo de personas independientemente de su género y su sexo) se da por hecho que eres un depredador sexual al que le gusta todo el mundo. Si eres asexual entonces la gente piensa que eres una persona reprimida. Si eres interesexual se dice que eres hermafrodita o se te confunde con una persona trans. Si eres trans no se te considera un verdadero hombre o mujer y si tu género es no binario (no te identificas ni con un hombre ni con una mujer) entonces ya sí que la confusión entre orientación, identidad y estado de salud puede ser enorme.

Manejar adecuadamente unos conceptos básicos y no emitir juicios ni presuposiciones sobre cómo es una persona únicamente a partir de la orientación sexual o identidad de género con que se presenta es fundamental para no contribuir al prejuicio social, el señalamiento y la LGTBfobia social e interiorizada.

  1. Presunción universal de heterosexualidad y cisgénero. El hecho de que a nivel estadístico lo más frecuente sea que alguien sea heterosexual y cisgénero, unido a factores culturales e ideológicos, hace que presupongamos el género por el aspecto físico e incluso determinemos qué personas les atraen sexualmente. Esta presunción se practica entre adultos, pero también hacia niños y bebés, y la mayor parte de las veces es acertada, excepto cuando la persona es trans y su sexo biológico no coincide con su identidad de género, o cuando la persona es intersexual, y su cuerpo no permite determinar con certeza el sexo biológico de la persona. Es entonces cuando aparece el conflicto interior. Es lo mismo que cuando se le pregunta a alguien si tiene novio o novia en función de si es hombre o mujer. Cada una de estas situaciones, acumuladas desde la infancia, refuerzan la percepción no solo de que hay que hacer un esfuerzo extra para aclarar lo que se es, sino que quizá lo que se es no es adecuado y por eso nadie cuenta con ello de antemano, lo cual es tremendamente conflictivo.
  2. Explicar de manera distorsionada las causas de la no heterosexualidad. Si una persona gay nace o se hace es algo que lleva mucho tiempo intentando esclarecerse y, aunque se ha avanzado al respecto, no se ha llegado a una explicación única, precisa y sencilla al respecto. Por tanto, las explicaciones de la homosexualidad como un estilo de vida, una opción o algo que se hereda directamente de los padres son completamente falsas, incluso aunque la genética pueda tener su propio papel.
 
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