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Juan González Arenas, la locomotora de Jumilla

 
 

Los pasados días 15 y 16 de febrero se celebraron los XXXIV Campeonatos de España Sub 23 de Atletismo celebrados en Salamanca. Desde allí, el medio Periodismo sin presión ha enviado a ‘El Eco De Jumilla’ el siguiente artículo tras descubrir la figura de Juan González Arenas

“La locomotora de Jumilla emerge del túnel y encara la vía 7 con aparente calma. Es sábado y la tarde viene con aroma de viajes de idas y venidas con destino a un mismo objetivo: llegar a meta lo más rápido que humanamente se pueda. Entre los muchos congregados en el lugar alguien grita a pleno pulmón: “Vamos Juanito”. El aludido es Juan González Arenas, joven atleta del Club de Atletismo Playas de Castellón, quien agradece con una sonrisa cómplice la intención de buenos deseos. Con aire sosegado, con gesto seguro, fija su mirada en los tacos de salida y no pierde detalle de todo lo que acontece en la pista Carlos Gil Pérez de Salamanca, la que tan bien conoce y a la que espera agradecer su grato fario de siempre con una buena marca en el Campeonato de España de menores de 23 años en su prueba, los 200 metros.

     Calentamiento previo no exento de tensión contenida, las mariposas van por dentro. A pocos segundos del comienzo de la semifinal, Juan expresa con sus gestos no conscientes que va a por la victoria. La pistola dispara la adrenalina y el flash explota a plena potencia. En la carrera vuelan Juan y otros tres compañeros de fatigas. Avanza con zancada poderosa y correr elegante, erguido, rompiendo el aire. No tiene rival, no hay quien le acose. En la línea de llegada suelta los músculos y libera resuello. Triunfo y mejor marca personal, 21.27. La locomotora de Jumilla ha dictado sentencia y el domingo luchará por el oro, otra medalla más en una competición de postín para el atleta del futuro.

     En la tribuna, mezclados entre el público, se encuentran sus padres, sus hermanas gemelas y dos de sus tíos. Cada cual expresa a su manera la alegría por la buena competición de Juan, Juanito para ellos aunque ya haya cumplido los 20. Su madre, Paqui, no puede enlazar dos palabras seguidas sin dejar escapar un sollozo callado. Las lágrimas contagian a las niñas, que muestran con un beso su cariño. Juan, el padre, se mueve inquieto, pero trata de dar sensación de entereza.

     Juanito recupera el pulso y contento saluda a sus rivales y amigos y se acerca en cuanto puede a dar el beso que su madre desea. “Siento de verdad ser un poco soso con ellos, pero es que soy así”, se disculpa. Ella sigue sin poder expresar lo que lleva dentro; la congoja la domina. Más gestos de cariño hacia toda la familia y sensación placentera tras el deber cumplido.

     Todavía con la respiración agitada, recibe la felicitación de otros atletas: “buena carrera, Juan”. Responde con un sentido “muchas gracias”.

     Su padre – “mi mejor cámara desde que ha conseguido ver las carreras más tranquilo” – le pasa el teléfono y en la conversación exterioriza que está contento por la marca realizada, “no me lo esperaba, la verdad”. Sabía que llegaba al campeonato de 2020 muy bien preparado, sobre todo desde que su preparador en Castellón, Tomás Fandiño, le cambió el plan de entrenamiento y le hizo sufrir lo indecible en sesiones “terribles, durísimas” en los meses de noviembre y diciembre del año pasado. Pero los resultados a ese esfuerzo están llegando. Además de batir su récord personal en pista cubierta, en la final de Salamanca volvió a hacer un buen tiempo, 21.38, el mismo que su rival Jesús Gómez, quien a la postre obtuvo el título nacional también con 21.38 pero mejor cómputo de milésimas. “Me dijeron al principio que había ganado, luego que era segundo. Estoy igual de contento”, relata satisfecho de su papel. “Fue una lástima que pasara una mala noche el sábado, lo que nunca me había sucedido, y que no tuviera a nadie por delante en la carrera – en alusión a Pol Retamal, lesionado en la brega – para sacar mi mejor rendimiento. Creo que dejé balas en la recámara”. 

     En el horizonte cercano se encuentra ya a tiro el Campeonato de España absoluto en pista cubierta que se celebrará en Orense los días 29 de febrero y 1 de marzo próximos. Lo encara con la plena convicción de que llegará en mejor forma si cabe que la mostrada en Salamanca. Le apena que su familia esta vez no pueda acompañarlo: “no nos sobra el dinero y llevan mucho tiempo haciendo un enorme esfuerzo por acompañarme a todas las competiciones”. 

    Y luego, ¿Tokyo? Tal vez sea demasiado pronto para ser olímpico, la verdadera razón que le mueve y casi obsesiona en su devenir por las pistas y que le ayuda a encarar con entusiasmo los entrenamientos de seis días por semana: “un atleta de élite tiene incluso que entrenar los 7”, se autoexige.

      La pequeña esperanza que alberga pasa por que la Federación componga un equipo de relevos, pues ahí tendría grandes posibilidades de competir y rendir en la cita más deseada por todos los atletas, los Juegos Olímpicos. “Ese es mi sueño, mi meta; no tengo en mi mente más futuro que este”; así de tajante y diáfano.

     Para llegar hasta su actual momento de forma y de resultados habría que remontarse al día en el que su padre, visionario, le llevó por primera vez, a los 6 años, al equipo de su localidad natal, el Athletic Club de Jumilla. Allí el grupo, incluido su añorado entrenador Juanico Guardiola, le acogió con los brazos abiertos, pues siempre había sido desde bien niño “el más rápido”. Durante un tiempo compaginó jugar a correr con la natación, su otra pasión en la que también destacaba. Fue a los 14 años cuando decidió dar el paso al tartán. Cuenta como anécdota que un verano estuvo recorriendo a diario los 20 kilómetros que distan de Yecla para entrenar en su piscina. Llegaba a casa a las 11 de la noche y a la mañana siguiente madrugaba. Así que esperaba con ansia que abrieran la de Jumilla y, cuando por fin lo hicieron, únicamente le dio tiempo a usarla dos o tres veces, pues ya había decidido dar el paso a su actual deporte cuando vio competir a atletas murcianos en un campeonato mundial. “Si ellos están ahí, yo también quiero y puedo”, se dijo a sí mismo.

     Desde entonces ha cosechado frecuentes y destacados éxitos: el más mencionado, el oro en el Campeonato de España en la categoría cadete con récord nacional de postín en los 300 metros lisos.

     A partir de ahí, nada se le ha resistido: títulos y mejora de tiempos. Aunque también ha habido momentos de bajón, como la lesión en el nervio ciático en 2019, año en el que tenía todo encarrilado para conseguir dos oros e incluso algún récord en el Campeonato de Europa Sub 20; se conformó con un único bronce. Y todo, admite, “gracias a que me llamaron para la selección en un momento difícil; a lo mejor por pena”.

      Cuando habla del equipo nacional, le cuesta expresar lo emotivo que resulta competir en otra dimensión, con lo más granado del panorama nacional e internacional y en estadios repletos de aficionados que arropan y empujan a los deportistas. En sus salidas de España recuerda por ese motivo con mucho cariño el Campeonato Mundial Junior de 2018 en Finlandia. Aunque admite y resalta que España es uno de los mejores lugares del mundo para entrenar por su clima y por la calidad de los entrenadores.

     Sería injusto no reconocer las privaciones y esfuerzos que desde los 6 años ha soportado estoico Juan González. Su vida de joven veinteañero dista mucho de parecerse a las de sus amigos. Nada de viajes con ellos, de juergas nocturnas, de pequeños escarceos con lo mundano. Su prórroga en los estudios de Sociología que le llevaron el curso pasado a la Universidad de Valencia y que mantiene en stand by para disgusto de su madre y, en especial, de su padre. Fijar su morada desde 2015 en que fichó por su actual equipo en la Residencia de la Diputación de Castellón, con los suyos y su Jumilla querida tan lejos. Todo se da por bien empleado si la dicha es buena. Y el horizonte de este súper clase, en lo deportivo y en lo humano, así lo definen quienes lo conocen, pasa por ser alguien en el atletismo, competir bien y ser feliz con ello. 

   Todo muy meditado por alguien que refleja una madurez impropia para su corta edad, por ese que estudia por su cuenta, lee todo lo que le cae entre manos y suspira por un buen texto de filosofía que le haga abrir la mente y ampliar su campo crítico hacia la vida.

     Motivación le sobra. Y más contando con el aliento sempiterno de sus más fieles fans: Paqui, Juan y sus hermanas María y Ángela. Le impulsan sobremanera, aunque ello también le supone una presión inquietante por aquello del miedo a defraudarlos. Por ahora, no ha habido lugar a ello y todo apunta a que el éxito perdurará largo tiempo por encima de algún que otro desencanto.

     Quizás, su madre tenga en mente verlo luchar con opciones reales en alguna competición internacional. De vez en cuando se le escapa un “ay, hijo, yo te imagino ahí”, como el verano pasado, cuando se pasaba las horas pegada a la televisión para no perder detalle del Mundial de Doha. Esta es su forma de mostrar orgullo profundo por su niño, pues sabe de sobra que ha trabajado lo indecible para llegar a ser el atleta y la persona que hoy es. Entonces, visto todo lo visto, a lo mejor ella debería preguntarse por qué llora cada vez que compite, por qué no luce sonrisa eterna si Juan es el hijo que toda madre quisiera para sí.”

   

     

           

 
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