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La Universidad ¿renovarse o morir?

La Universidad ¿renovarse o morir?

 Es la Universidad más antigua del mundo la que curiosamente pone nombre a la nueva reforma de los estudios universitarios, el plan de Bolonia. Donde muchos ven un gran paso en la construcción de la Unión Europea -eliminando barreras académicas, promoviendo la total libertad de movimiento para los estudiantes, acabando con los problemas de las convalidaciones, y cuyos títulos universitarios serán aceptados en cualquier territorio europeo-, otros adivinan en él un intento de mercantilización de la universidad, adaptando las enseñanzas universitarias a las necesidades del mercado. 

En pleno proceso de transición para adaptarnos al Espacio Europeo de Enseñanza Superior (EEES), con la aprobación del Real Decreto 1393/2007, de 29 de octubre -por el que se establece la ordenación de las enseñanzas universitarias oficiales de acuerdo con las directrices europeas-, se intenta fomentar la empleabilidad de los universitarios y su capacitación profesional a través de la adquisición de competencias. Como dice literalmente su preámbulo “los planes de estudios conducentes a la obtención de un título deberán, por tanto, tener en el centro de sus objetivos la adquisición de competencias por parte de los estudiantes, ampliando, sin excluir, el tradicional enfoque basado en contenidos y horas lectivas. Se debe hacer énfasis en los métodos de aprendizaje de dichas competencias así como en los procedimientos para evaluar su adquisición (…)”. 

Ahora bien dependiendo del cristal con que se mire, esto adquiere diferentes connotaciones. Entre los destinatarios a los que se dirige esta reforma cabe distinguir dos perspectivas distintas: la del estudiante y la del personal docente. 

Algunos de los principales cambios que afectarían al primer sector, los alumnos, consisten en la creación de un sistema basado en tres ciclos; Grado, Máster y Doctorado que se corresponden a la Licenciatura, el Postgrado o Doctorado anteriores. Por ejemplo, el primer ciclo de Grado reduce la mayoría de licenciaturas a una duración de 4 años con unos 60 créditos cada uno –y hace desaparecer las Diplomaturas de tres años, ampliándolas a cuatro, reconvirtiéndolas en títulos de Grado–. 

Para los profesores se produce sobre todo un cambio de enfoque o del método de enseñanza, esta vez proclive a crear, generar y desarrollar ciertas habilidades y competencias en el alumnado. Por poner un ejemplo, en la disciplina jurídica, ámbito al que me adscribo, los profesores deberán aportar algo más que clases magistrales: tendrán que apoyarse en las TICs y en innovadores materiales de enseñanza –llámense power points, blogs o webs 3.0– para darle todo masticadito a los estudiantes sin olvidar que todo ello debe enfocarse al fomento de ciertas habilidades propias de todo “jurista”: oratoria, argumentación, manejo de fuentes jurídicas, redacción…entre otras muchas competencias. Aunque bien sabemos que en una carrera como la de Derecho, las salidas profesionales son ciertamente amplias y variopintas si bien la elección de la misma no es tanto por vocación sino muchas veces por eliminación. 

Con este nuevo modelo de enseñanza se pretende hacer frente al ausentismo en las aulas acercando el profesorado al alumno a través del empleo de las nuevas tecnologías y creando un diálogo más distendido entre profesor-alumno. No obstante, tengo la impresión de que este uso desmesurado de las nuevas tecnologías, redes sociales o espacios virtuales como aliciente para el estudio ha tomado como referente un modelo de alumno más bien pasivo y de bajo rendimiento como estándar. No olvidemos entonces que la universidad constituye una institución en si misma y supone un paso más en el camino del estudiante que rompe con el ciclo escolar para dar lugar a la fase universitaria. 

En definitiva, esta “innovación docente” no es más que el reflejo del progreso, y como dijo Unamuno, “el progreso consiste en renovarse”. Pero cuidado, no caigamos en el error de ponérselo demasiado fácil al estudiante y demasiado difícil al profesor, que parece que además de ser un experto en su disciplina e impartir su temario va a tener que “reinventarse” dedicando parte de su tiempo a la elaboración de este tipo de materiales didácticos. 

Victoria T. Sustaeta
Departamento de Derecho Administrativo y Procesal
Edificio Departamental
Facultad de Derecho
Universidad de Valencia

Publicado en Algo más que palabras, OpiniónComentarios (0)


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