Elegía a las Cepas arrancadas
Como un niño arrancado del regazo
de la madre que amorosa le sustenta
le quiebran a las cepas de un porrazo
las raíces que a la tierra las sujetan.
Y las cepas sintiéndose agredidas
y en su tronco clavándose las rejas
con desesperación y sorprendidas
elevaron al cielo tibias quejas.
¡Campesino del campo jumillano!
¿Ha perdido tu mente la cordura?
si eras para nosotros el hermano
que nos colmó de cuidados con dulzura.
¿Qué afán incomprensible y fraticida
en este aciago día arma tu brazo
que decides que acabe nuestra vida
y arrancadas nos echas a un capazo?
Fui una cepa que al suelo se aferraba
y me estás arrancando con tus manos
manos que en otro tiempo me cuidaron
colmándome de mimos y agasajos.
Y yo como una amante agradecida
extrayendo con mis raíces largas
los más profundos jugos de la tierra
mi cosecha prolífica mostraba.
¿Pero de qué me han servido tantos años
aferrarme a la tierra fuertemente
si causando al paisaje enorme daño
con el apero del tractor me das la muerte?
¿Más, qué puede crecer en este suelo
sino la cepa cortezuda y leñosa
que cargada de hojas y racimos
cimbrea sus sarmientos orgullosa?
Para cumplir cada año la promesa
que le hace el otoño al campesino
de que podrá poner sobre su mesa
el más elaborado y mejor vino.
La tierra jumillana no es ingrata
y devuelve los cuidados y mimos
a aquel que con esmero bien la trata
trasmutada en uvas y racimos.
Y acarreada en remolques colmados
fue el orgullo del rústico labriego
que parece que ahora lo ha olvidado
porque al mirar un cheque quedó ciego.
Como cabras morunas masacradas
en absurdo e inútil genocidio
¿No serán estas cepas arrancadas
un grotesco y macabro sacrificio?
Y en el cielo la luna, indiferente
las sierras tiñe con su luz plateada
pareciendo velar eternamente
el sueño de las tierras despobladas.
Que la más nimia duda no nos quepa
cuando ya estén las viñas arrancadas
que Jumilla de nuevo a ser estepa
ha sido por Europa sentenciada.
En los páramos olivos solitarios
florecillas de azar mecen sus ramas
y en los bordes de acequias y senderos
Brotarán salicornios y retamas.
En los montes dorados por mil soles
cuando caiga la lluvia cristalina
los jumilanos buscarán caracoles
para darle tipismo a su cocina.
Pero jumilla ya no será lo que era
ni en sus campos habrá tanto frescor
como lo había cada primavera
al llenarse las viñas de verdor.
Cuando ya el agricultor más reticente
su indemnización haya cobrado
y a la última cepa dado muerte
como desde Europa le han mandado.

Comprenderemos lo que nos espera
tan sólo paro y discriminación
correremos locos detrás de una quimera
y pagaremos todos la equivocación.
Ese caldo que llene los toneles
de bodegas y lagares del lugar
si no ha sido criado en estos lares
no tendrá nunca el mismo paladar.
Y aunque alcance selecta calidad
y le consigan dar mucho renombre
es fácil deducir con claridad
que de Jumilla le quede sólo el nombre.
JUAN CASTELLANOS GÓMEZ