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Hoy es Domingo 27 de Mayo de 2018  |  

Ira

 
 

Juan José Lajara

la-ira

Término latino referente a la furia y la violencia. Por ejemplo cuando la ira te sacude, en el tobogán de la fama, en toda la cresta, tienes que saber que viene la cuesta abajo, la importante y necesaria caída libre, donde te raspas la espalda, donde notas el calor, que incluso te quema, te devuelve a la cruda realidad, la fama no es un paseo en barca ¿lo sabías?, hay muchas cascadas, muchas curvas rápidas.

Llenas inesperadas rocas, donde te puedes estrellar, de una foto inesperada, de caídas y de gente que aprende a levantarse de las derrotas, gente que nunca se levanta y llega a la frustrante muerte, sin haber saboreado lo suficiente, aquel oasis perseguido.

No hay que caer nunca en la trampa de la fama, menos si la frustración acude a su puntual cita con la asfixia mental, porque te cegará los ojos y perderás el camino de baldosas amarillas que habías construido.

Ni de los monos triunfadores, en esos atisbos de falsa realidad, que nos colocan delante de nuestros pensamientos, o cuando estamos atendiendo una lección que nos coloca en nuestro sitio, al que odian.

Cuando nos hacen desvariar, provocan el despiste, la traición y, como no, el pecado capital de la Ira, en cuanto vemos que las cosas no son como parecen, no son como pensamos e imaginamos, porque no somos magos, somos seres humanos, erramos mitos, creencias.

Pero también de recuperarnos, levantar la cabeza, tirar hacia delante, despertar de cualquier oasis o engaño mental, incluso de la Ira, la cual nos provoca la desesperación, duda, frustración, caída de nuestros sueños, por la rampa del tobogán.

Y nos lleva o conduce por caminos tortuosos de explicaciones, aclaraciones, rectificaciones e incluso, en muchos casos, de dejarnos llevar e incluso estallar y cometer actos impuros e indeseables para nadie, es decir, el descontrol, y es que quizá seas amante, pero no sabes bailar, y en este mundo de fama, de mentiras con medias verdades, hace falta saber bailar.

A veces ni eso es suficiente.

Puede que bajes rápido, pero no dejes que tu sueño se rompa, baila, actúa, lleva tu maquillaje como libertad de expresión, allá donde vayas, clava la bandera en lo alto de la montaña, sé dueño de tus pensamientos, exponlos en su momento adecuado.

Que nadie coarte si son buenos pensamientos.

Pero piensa también y tenlo presente, que bajar, es necesario, quizá no haga falta un viaje de ida y vuelta a los avernos del arte, deja que te hagan la bajada más fácil, encuentra a tus amigos, o mejor, nunca te separes de ellos, sé fiel a la amistad, ellos te dirán cuando lo haces mal, cuando hay que frenar la subida y también el error, te puede librar de una caída, porque te digo que no todas son a destiempo.

Bájate del escenario sólo cuando termine la función, cuando los focos se apaguen y el público haya terminado de aplaudir, cuando pase el submarino amarillo y te lleve al país de soñadores, abiertos de mente, quienes nunca cayeron en las trampas de los monos triunfadores, quienes fueron libres de ese pensar, pero también se equivocaron.

Siguieron andando, sin pensar en el pasado porque está oscuro, al que vencieron errores con su arte, la enfocaron en algo positivo e inolvidable.

Ni en el futuro, que es una niebla intrascendente, creada solamente en el presente inmediato, es lo único que no te hará caer en la desesperación, en el descontrol, la melancolía del fuego eterno de la ira.

Tendrás que combatir entonces con gigantes nebulosos, como jinetes en la tormenta.

Esa batalla es interna en realidad, las heridas de esa guerra interna, que a veces todos tenemos, puede desembocar en casos de esquizofrenia, paranoia, psicosis, pero todas tienen su origen en la infancia.

Es sabido por especialistas que la ira puede ser una predisposición genética, así como la depresión, algo cercano a mi término de monos triunfadores.

Esas heridas negativas, de un mono triunfador cualquiera, nos las hacemos nosotros en esa guerra sin sentido, de origen claro pero sin final, por enojo.

Indignación en actos absurdos. Alimentada por la ignorancia propia de la inocencia infante o travesura.

Sólo la naturaleza tiene ese poder, nosotros debemos trascender a un estado superior, sin drogas, sin armas. Sólo la capacidad mental de nuestra psique nos puede llevar de mono a triunfador en vida.

 
 
 
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1 Comentarios
  1. Juan Jose Lajara Córcoles dice:

    Hola gracias por publicar, una vez más, estos pensamientos, un saludo.

 
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